Larch representa el sentimiento-pensamiento
comparativo de inferioridad. Va unido a la
creencia distorsionada de “pieza defectuosa”, de
incompetencia, incapacidad e inadecuación. Puede
vivirse como rasgo de la personalidad, o como
estado. En el primer caso hablamos de una
presencia permanente del patrón que lleva a
sentir, pensar y actuar de forma habitual de una
determinada manera que nombramos como Larch. Por
ejemplo, Mimulus y Centaury tienen rasgos de
personalidad que incluyen Larch. Es decir, se
sienten inferiores a los demás e incapaces. El
primero actúa evitando con una estrategia de
aislamiento activo las circunstancias para las
que no se siente dotado (a veces casi todas)
mientras que el segundo intenta supeditarse a
personas fuertes que lo adopten y tutelen, ya
que poseen un estilo de personalidad
dependiente. Es decir, que no se puede ser
Mimulus o Centaury , al menos en sus niveles más
negativos, si no se es Larch.
También podemos encontrar Larch no como rasgo
sino como estado, ante determinadas situaciones
ocasionales, como afrontar una determinada
prueba, después de un trauma, frente a un
determinado tipo de personas, en un trastorno de
ansiedad, en la depresión, y en un sinfín de
vicisitudes.
Pero no se trata en este artículo de hacer un
análisis exhaustivo de Larch, sino plantearnos
la siguiente pregunta ¿Querer es poder?
Seguramente se ha abusado demasiado de
afirmaciones como las siguientes: <<Tú puedes>>
o <<Querer es poder>> o bien <<Si verdaderamente
quieres algo, puedes conseguirlo>>. Aunque estas
premisas puedan ser muy útiles, en muchos casos
surgen de postulados demasiado agrimónicos y que
por tanto, obvian una serie de procesos internos
y pasos externos que llevan a la consecución de
objetivos.
Un hombre de más de 50 años, como quien esto
escribe, no puede ser futbolista del Fútbol Club
Barcelona, por más que le guste el fútbol, viva
cerca del campo y considere que en este momento
es el mejor equipo del mundo. Incluso aunque lo
desease con todo su corazón. No se trata de
Larch, sino de un ejercicio de lógica elemental.
Puede que este ejemplo sea demasiado exagerado,
pero busca evidenciar que no todo el que dice
<<no puedo>> debe tomar la esencia
inmediatamente.
Puesto que todas las valoraciones picológicas
son subjetivas, lo primero que debería
plantearse el terapeuta ante un paciente con
indicadores Larch es si el objetivo del que se
trata es manejable, autorresponsabilizado,
ecológico, concreto y positivo. Sólo si los
cinco requisitos se cumplen, las flores pueden
resultar de ayuda. El ejemplo del futbolista
falla de entrada en los dos primeros puntos, por
lo que obviamente no es asumible.
Por otra parte, la enorme mayoría de lectores no
podría dictar una clase de física nuclear en una
universidad. Esto no sólo es objetivo, sino que
seguramente a los mismos lectores no les genera
ningún conflicto porque ni se dedican a ello, ni
les importa el no ser profesores universitarios
de física.
Otro ejemplo: no sabemos si atraviesa por un
estado Larch un estudiante que dice: <<No puedo
aprobar el examen de literatura>> El terapeuta
podría preguntar lo siguiente: << ¿Qué te lleva
a pensar esto?>> <<Bueno, es que convocaron el
examen hace un mes y me surgió la oportunidad de
ir al Caribe gratis. La playa, ya sabe… No me lo
pensé dos veces y naturalmente no me iba a
llevar los libros. Volví ayer y no me voy a
presentar. >> No, no se trata de un Larch.
Simplemente de un chico inteligente que ha
tomado una decisión ¡sin duda la mejor! y es
coherente con ello. Larch es el joven que ha
estado estudiando hasta dos días antes, tiene
posibilidades de aprobar y ha decidido no
presentarse, porque ve el aprobar como algo
imposible. Seguramente si alguna ley o
circunstancia mayor le obligase a ir superaría
el examen. De hecho sus compañeros le han
insistido en que se presente, pero no lo hará.
Como vemos en este último caso, se trata de una
valoración totalmente subjetiva y distorsionada
que el estudiante hace sobre sí mismo. Muy
posiblemente existe miedo a lo que representa el
fracaso.
En el otro polo encontraríamos gente que se
atreve a todo, aún sin tener la mínima
preparación para ello. En este caso se trata de
una sobrevaloración que puede resultar tan
negativa como la infravaloración de Larch. Tal
es el caso de muchos Vervain, que están
convencidos de saberlo todo. Chicory y Heather,
pueden sentirse “guiados” por alguna instancia
superior, imaginada por su propia necesidad de
sentirse especiales. Asismismo, Beech se
sobrevalora en su narcisismo desestructurado y
se estrella o no, dependiendo de una serie de
factores externos . Cerato, temerario en su
inconsciencia, se deja convencer por otros y se
estrella al no valorar las consecuencias de sus
actos. Así podemos entender la existencia de
algunos “hiperterapeutas” que supuestamente
saben de todo y se atreven con todo.
Mención aparte merecerían los individuos con
dosis de Clematis, las cuales les impiden tener
la autoconciencia y la ética suficiente para no
extralimitarse en sus desempeños.
Tradicionalmente serían arrastrados por otros o
por las circunstancias.
La conclusión de todo lo descrito hasta aquí es
que nunca podemos prescribir esencias por
expresiones parciales sacadas de contexto como
<<no puedo, si quiero puedo, etc.>>. Se impone
siempre la recogida de más información, la
clarificación, la valoración del lenguaje no
verbal y en fin, todas las estrategias de
escucha activa que marcan la diferencia entre
dar/tomar Flores de Bach y la terapia floral de
Bach, sin duda cosas muy diferentes.