Vacaciones en Chicorystán
Cuento
didáctico humorístico
Por Ricardo Orozco
Mi nombre es
Florencio Vidal. Soy fisioterapeuta y desde siempre me han
atraído las terapias naturales: las flores de Bach, homeopatía,
reiki, etc. Tengo 35 años y en este momento no tengo pareja. Me
interesa todo lo que tenga que ver con el crecimiento personal.
Nací en Barcelona y vivo y trabajo aquí. Me defino como un chico
normal, aunque algo tímido e introvertido, con algunos
problemillas de comunicación.
Soy un fan de vuestro boletín y he aprendido muchas cosas de él,
aunque no conozco prácticamente las flores. Las he tomado un
tiempo y me fueron bien. Creo que me dijeron que era Mimulo o
Ceratostigma, o tal vez Brote de Castaño o algo así.
He leído, en algunas revistas y periódicos, que la gente cuenta
sus experiencias y vivencias relativas a sus viajes estivales. A
veces son positivas y otras no tanto, pero en cualquier caso
sirven para animar o prevenir a otras personas. En suma, todo
constituye un aprendizaje que es para lo que hemos venido a este
mundo, ¿no os parece?. Así, que he debido vencer mi miedo
inicial a posibles represalias y os ofrezco mi testimonio.
Todo empezó una calurosa mañana de agosto. Era, como para muchos
el comienzo de mis vacaciones. Este año había decidido que me
quedaría en casa, y contrariamente a otros años había decidido
poner un poco de orden en mis asuntos domésticos y
profesionales. En fin, ya se sabe, "cosas de utilidad". A los
pocos días me dí cuenta de la cruda realidad: una suerte de
inercia de "chico malo", me llevaba a dormir demasiado y
permanecer aletargado en algunos automatismos bastante
reprochables: televisión, cerveza, más televisión, vídeos... Ni
siquiera el best seller del Swami Marikananda titulado "Libera
tu mariposa interior" Ed. Caricias, Barcelona, 1996; me interesó
lo más mínimo, sino que por el contrario me sumió en la
perplejidad.
Un día leí en un Cuerpo Miente un anuncio que podía cambiar mi
vida y ayudarme a salir del círculo vicioso en el que me
encontraba: la oferta decía más o menos así: <<Déjate cuidar.
Dale sentido a tus vacaciones. En un marco natural de
incomparable belleza, encuéntrate a ti mismo. Disfruta de
nuestro taller vivencial de amor y autoestima: actividades al
aire libre, talleres, conferencias, etc. Impartido por grupo
EMA>> Nunca había oído al mencionado grupo, pero después de una
corta reflexión me decidí a llamar, al fin y al cabo no era mala
idea combinar vacaciones en el campo con alguna actividad de
provecho. EMA significa El Mimo
Acogedor, con sede en Chicorystán, a 60 km de Barcelona. El
precio parecía razonable y enseguida me enviaron por fax un
plano detallado para acceder a la casa, ya que se trataba de un
sitio apartado. Mejor, pensé para mis adentros.
Como soy despistado por naturaleza, no me resultó fácil llegar.
En realidad ellos (o mejor debería decir ellas) se ofrecieron a
recogerme en algún punto del recorrido o incluso en Barcelona,
pero yo decidí ser autosuficiente. Además no quería depender de
nadie en mi regreso.
Si bien en el mapa la avenida de los Mártires del Sacrificio
venía bien señalizada, la urbanización No me Olvides quedaba en
un galimatías de cuestas y curvas, por lo que decidí llamar
desde el móvil. A los 5 mimutos un todoterreno con tres mujeres
en su interior aparcó junto a mi coche: la cosa no empezaba mal.
-Cariño, pobrecito, ¿lo has pasado demasiado mal?- me preguntó
estampando dos sonoros besos en mi cara.
-Eh... No...- contesté algo aleladamente. La familiaridad y
cordialidad en el trato me sorprendió un poco pero no me produjo
rechazo... todo parecía muy natural.
-Yo soy Mami- se presentó la que parecía llevar la voz cantante.
Se trataba de una mujer de unos 50 años, bastante entrada en
carnes, y con una sonrisa que me pareció algo extraña. Sus dos
acompañantes, más jóvenes, reían y asentían con bastante
pleitesía cada cosa que Mami decía. Una de las "ayudantes" subió
en mi coche y seguimos el de Mami. No habrían pasado más de 30
segundos cuando mi acompañante me preguntó:
-¿Que te parece?
-El qué?>> contesté .
-Ella-. Ese Ella sonó de una forma especial, como si de pronto
hubiera sacado una enorme pancarta, como si se estuviera
refiriendo a una deidad.
-No sé, me parece agradable, todavía no la conozco- Como no
quería parecer receloso no añadí nada más.
-Es que ELLA es tan divina, tan perfecta, me ha ayudado
tanto...- añadió mientras ponía sus ojos casi en blanco y
juntaba sus manos en actitud reverencial. Sin ELLA y Megamami no
sé que sería de mí. –
-¿Megamami?- inquirí curioso.
-Sí, es nuestra guía, nuestro guru, EL AMOR encarnado-. Algo se
interrumpió en mí. "¿No será una secta?" me pregunté preocupado.
Pero decidí posponer mis reparos hasta sacar una conclusión
propia. Al fin y al cabo, era muy posible que mi acompañante
estuviera un poco confundida, ya me entendeis.
Al poco apareció la casa. Se trataba de una construcción antigua
pero muy señorial. El acceso estaba jalonado de mimosas y
flores, muchas flores
¡Deprisa, deprisa, querido!…- suspiró Mami algo
imperativamente mientras estiraba de mi brazo hacia un
pequeño despachito.
-Dentro de poco será La Plegaria-
Una chica joven y muy delgada, que llamaremos Cenicienta
nos recibió con voz tenue y entrecortada. Sin duda Mami
imponía.
-¿Qué significa, La Plegaria? Inquirí algo inquieto.
Porque yo… lo que se dice religioso…- Bajé mucho el tono
de esta segunda frase, como si estuviese revelando algo
indigno, en cierta forma pecaminoso.
–No tontito- dijo Mami mientras acariciaba maternalmente
mi espalda.
–Es una meditación guiada que hacemos todos los días. Ya
verás lo bien que te sientes-
Cenicienta sonreía tímidamente y agitaba la cabeza
afirmativa y rápidamente, como si de un ejercicio de
aerobic se tratase.
-¡Rápido! Ordenó Mami.
-Explícale a Floren todo lo que necesita saber- espetó.
-Tendrás que perdonarme, añadió girando su cabeza hacia
mí, pero debo preparar la ceremonia. En esta casa todo
lo tengo que hacer yo- sentenció con un gesto desdeñoso
pero sin perder la sonrisa.
“Floren”… Desde que era un niño nadie me llamaba así. De
hecho sólo mi madre, que en paz descanse, utilizaba esta
forma de abreviar un nombre algo rimbombante como
Florencio. De alguna manera aquel niño inquieto y triste
fue convocado en ese momento. Una sensación de nudo
melancólico tomó posesión de mi garganta por algunos
segundos… Fue la tenue voz de Cenicienta la que me trajo
de nuevo a la realidad.
–Esto es una gran familia. Aquí tienes, Florencio,
entera libertad para hacer lo que quieras, pasear,
meditar. No estás obligado a participar en ninguna
actividad que no quieras…- Cenicienta dejó de hablar
haciendo una pausa misteriosa, para añadir con gran
pasión y casi bordeando el llanto:-Pero es que Mami y
Megamami… ¡Han puesto tanto amor en este proyecto!
La habitación era confortable, sencilla pero agradable y
cómoda. Me estiré un momento en la cama mientras ojeaba
un tríptico del grupo EMA (El Mimo Acogedor) y el
programa de actividades. Verdaderamente no podían
pretender que uno estuviese presente en todas ellas. Al
menos parecía incompatible con un programa mixto de
“pulular a mi aire, picoteando algo de la oferta”.
Hasta donde recuerdo era más o menos así:
* 8:00 hs plegaria.
* 9:00, desayuno.
* 10:00 a 12:00: Libera la Flor de tu Niño Interior
(taller vivencial al aire libre)
* 12:00: De la Mano con Mami (…sabrás lo malo que es
Papi. Asesoría emocional personalizada).
* 13:00 a 13:15: Actividad libre supervisada.
* 13:15 a 14:00 Te lo digo por tu bien (conferencia a
cargo de Megamami).
* 14:00 hs: comida.
* 15:00 hs: A la Cuna con Mami (relajación guiada por
Mami).
* 16:00 hs. Caminando con el corazón en la mano
(excursión al campo).
* 18:00 hs. Teatro Terapéutico: La Casa de Bernarda
Alba;
* 20:00 hs.¿Cómo te sientes? (taller de llanto guiado)
* 20:30 hs. Plegaria.
* 21:00, hs.Cena.
* 22:00 hs: Charla-Presentación del libro de Megamami
“Yo sí que sé lo que te conviene”.(Dil Cuore Ed.).
La verdad que el programa no era lo que pensaba.
Encontré todo un poco (tal vez demasiado) reiterativo.
Además, parecía como una especie de club de dependencia
emocional. Yo esperaba algo como Tai Chi, respiración,
más meditación, no sé. De cualquier forma, pensé,
siempre podría ir a mi aire. El entorno paisajístico era
bellísimo, el aire puro. Sin duda conocería gente más
afin a mi manera de ser.
Unos enérgicos golpes en la puerta me sacaron de mis
reflexiones:
-Floren, cariño, ¿Estás bien?- Era Mami en persona que
me abrazó con fuerza a la vez que estampaba dos sonoros
besos en mis mejillas.
–Eh… sí…- respondí con falso aplomo.
-¡Vamos, que llegamos tarde a la plegaria!
-Es… que yo… preferiría…- balbuceé con poca
convicción-¡Vamos!- repitió arrastrándome del brazo.
Un grupo
de personas bastante variopintas aguardaban en círculo
cogidas de la mano. Entonces la vi. Ya había visto su
foto en varios sitios de la masía: Era Megamami. Pesaría
no menos de 150 kg. Excesivamente maquillada con un gran
moño coronando su cabeza. Rondaría los 70 años. De
pronto me di cuenta que descansaba sobre una silla de
ruedas. Enormes michelines cubiertos de ropa sobresalían
tabicados por el frío acero de la silla, formando una
extraña amalgama. Sentí una enorme compasión por aquella
venerable mujer. Sobre todo cuando con una voz sin
oxígeno y una acogedora sonrisa me hizo aproximarme a
ella y cogió mis manos poniéndolas sobre su corazón.
Bueno, sobre sus enormes pechos, diría para ser más
exacto.
-Bienvenido, Floren, a mi casa, tu casa… Te lo digo con
el corazón en la mano-Gracias, Megamami- contesté de
forma reverencial, consciente de que todos me observaban
con expectación y envidia.
Mami aprobó con un triunfal gesto de orgullo.
Fui situado entre dos asistentes y cogí sus manos
mientras me sonreían afablemente. Bajaron las luces
hasta una penumbra muy cálida. Entonces percibí el
agradable olor del incienso. Al poco una especie de
lamento, que adiviné proviniente de donde Megamami
estaba, fue subiendo de tono hasta que percibí lo
siguiente: Mmmm mmmm mami padme hum…. Sin duda un mantra
que todos empezamos a repetir.
La ceremonia duró algo así como media hora. Al final,
Mami se acercó y me dijo agitada
–Lo he visto-¿Qué?- inquirí inquieto.
-Tienes un gran poder dentro de ti- Eres de los
nuestros. ¿Pero no lo sabías?...
-No… Pero ¿Cómo?.
-Ya se que es increíble pero ya nos conocemos de otra
vida-¿Quéeeee? Mi estupefacción iba en aumento, al mismo
tiempo que un frío polar empezaba a subirme por la
espalda.
-Sí.Sí…Lo sabes…- Eras un sumo sacerdote egipcio- ¡Es
muy fuerte!.. Yo… soy…Tu mujer…
-Tienes un gran poder y un gran amor- prosiguió tocando
mi pecho. ¡Tienes que sacarlo, ayudar a la gente!
-Peerooo cómo, si yo…
-Si, siii, cariñito, yo te ayudaré. Será muy fácil. Eres
especial. Esta circunstancia se da una vez entre un
millón. Confía. Ya verás cuando Megamami lo sepa… Bueno,
seguro que ya lo sabe…
No recuerdo qué pasó entre esta revelación y el verme
sentado en la mesa, donde todos comían animadamente,
entre risas y palabras.
Volví a sentirme como el Floren aquel de la infancia.
Mami me acariciaba la nuca y ponía comida en mi plato y
en ocasiones llevaba el tenedor a mi boca.
Al poco estaba saciado, pero Mami hacía que ya fuera por
el tercer trozo de pastel de chocolate.
-Lo he hecho yo…Con todo mi amor. Para ti, Floren…-
Todavía estaba estupefacto por el episodio anterior. Una
mezcla de miedo y alegría se alternaban en mi interior
en extraña combinación. Sentía como si la vida fuera
diferente a partir de ahora. Tal vez tenía una misión…
-Es mejor que descanses, Floren. Son demasiadas
emociones para un solo día- dijo Mami solícita.
Me acompañó hasta la habitación despidiéndose de mí
afectuosamente. Estaba casi dormido, cuando se abrió la
puerta lentamente. Hice ver que dormía pero con los ojos
entreabiertos pude ver la voluminosa silueta de Mami
ajustándome bien la manta, a la vez que me susurraba al
oído:
-Duerme, amor, que sueñes con los angelitos-
Intenté reflexionar sobre todo lo que había pasado, pero
un dulce sueño fue meciéndome y tomando el mando de mi
persona. Por el hilo musical se oía aquella vieja
melodía… Oh, mami, oh, mami mami blu…oh mammi blu…oh,
mammi…
En los
días sucesivos los acontecimientos se precipitarían
ominosa y dramáticamente.
Si bien los cuidados de Mami me confortaron en un primer
momento, su insistencia en ocuparse tanto de mí me
desconcertó. Creo que el hecho de hacerme sentir,
después de su “conexión con otras esferas”, especial
(nada menos que un sacerdote egipcio), me sacó de mi
propio anonimato para percibirme, por un momento,
importante. Otra forma de decir que halagó mi mermada
autoestima, pero al mismo tiempo me hizo sentir como si
hubiera firmado con ella una especie de documento
inalterable, algo así como un contrato en exclusiva de
mejora personal que le otorgara la exclusividad de
dirigirme y supervisarme de forma asfixiante.
-Floren, decididamente te veo muy desmejorado, hijito
-Peroooo...
-Sí, Floren sí... Estás extremadamente delgado
-¡Si me sobran lo menos 8 kilos!
-No, Floren, no. Yo sé lo que es bueno para ti-
Mi desconcierto inicial fue seguido de un arrebato épico
de heroísmo. Sólo me permitiría uno definitivo varios
días después, pero no quiero alterar la cronología de
los acontecimientos.
-¡Ni hablar, no, no, no. No pienso volver a Barcelona
RODANDO!- dije chillando como no recuerdo haberlo hecho
antes en mi vida.
Un silencio frío y espantoso llenó la habitación. Tal
vez no duró más de un segundo. La voz de Mami sonó como
una detonación seca, metálica,preñada de un mensaje que
anunciaba el fuego y el apocalipsis:
-A Megamami no le va a gustar- sentenció.
Acto seguido abandonó el pequeño recinto donde estaba
con rapidez. Si bien me sentí mejor después del
desplante, al poco una tristeza culposa se apoderó de mí
por completo. Un nudo amargo y cruel estrechó mi
garganta pecadora. Al fin y al cabo, son amorosas,
pensé. Podría haberme negado de forma más cortés.
Debería ponerme en su lugar. Bueno, me disculparé, ¡Si
señor! ¡Me comportaré como un caballero!
Sin embargo, no vi a Mami en la mesa. Los compañeros me
miraban recelosos y rehuían el contacto directo conmigo.
Finalmente, una de las chicas que acompañaban a Mami en
el todoterreno del primer día vino sonriente hacia mí,
cosa que me produjo un alivio inmediato.
-¿Qué ha pasado, Floren?- su cara se puso tensa y seria.
-¿De qué?- contesté un poco temeroso.
-Con Mami, Floren, con Mami- musitó.
-Nada, simplemente le he dicho que no quería engordar...
más ...
-Le has hecho mucho daño. Verás, Mami está muy delicada
del corazón.
Ahora mismo está llorando y tenemos miedo de que se le
agrave la angina de pecho que sufre- dijo, como si de la
lectura televisiva de un parte médico fatal se tratase.
Mi sensación de culpa fue tan fuerte, que solo atiné a
pensar “Floren chico, ¡La has cagado!, verdaderamente”.
-No.... era ... mi.... intención... ehnnn....- Balbuceé
al borde del llanto.
-Pero es que ella lo da todo por los demás
-Mmmmm- gimoteé.
-Me disculparé. Comeré más. Me comeré todo- dije
llorando.
-Bueno, Floren, veo que tu arrepentimiento es sincero,
tal vez ella te pueda perdonar- dijo piadosamente.
-Gracias, gracias- suspiré enjugándome las lágrimas.
Mami asistió a la plegaria, aunque se mantuvo alejada de
mí. La miré varias veces buscando el perdón, pero ella
se llevó la mano al corazón moviendo la cabeza negativa
y moribundamente. Después de la ceremonia, Cenicienta me
dijo que Megamami quería hablar conmigo.
La habitación era grande y acogedora. La luz, tenue y
tamizada, corría a cargo de algunas lámparas de sal y
velas, muchas velas... Ella estaba sentada en un gran
sofá como turco, indio, no sé. Sin la silla de ruedas
del primer día... Su silueta enorme se agigantaba
todavía más por la penumbra. El aroma a incienso era
contundente...
-Hijo, qué alegría, acércate- susurró en un gemido
asmático casi inaudible.
A una señal, un sirviente africano enorme y musculoso
cogió mi hombro desde las alturas y me condujo hasta la
deidad viviente.
-Hola, Megamami- susurré entrecortadamente.
En ese instante viajé en la línea del tiempo al pasado.
Haría 30 años de esto. Estaba frente a mi maestra,
lloroso y atemorizado, acusado de haber pegado a otro
niño. La señorita, seria, estaba a punto de emitir una
sentencia seguramente condenatoria... Recuerdo el
corazón latiendo desenfrenado, el aire colándose a
raudales por mi nariz, la boca, un sabor metálico....
-Ven corazón- dijo amorosamente.
Entonces me reclinó estirado boca abajo sobre sus
piernas y mientras con una mano me acariciaba la cabeza,
con la otra me daba suavemente en las nalgas.
Oí algún movimiento por detrás. El sirviente, a quien
denominaremos Nelson, hablaba con alguien. Creí escuchar
una palabra apenas esbozada, algo así como
¿“tratamiento”?. Megamami contestó suavemente: “No, aún
no”.
Después de la “sesión”me retiré a la habitación en un
estado de paz y relax indescriptible. Cuando entré en el
cuarto percibí la presencia de Mami. Me ayudó a
desnudarme y me metió en la cama. Apenas me llamó la
atención percibir mis manos y mis pies como si fueran
pequeños, como si hubiese menguado, retrocedido a la
infancia. Sentí a Mami tierna, como un enorme
globo de humanidad perfumado, entrañable y
protector. El sueño sobrevino enseguida.
El día siguiente fue complicado. Mami no me dejó
ni un instante, me estuvo reprochando
continuamente lo que había hecho y no supe
negarme a ninguna de las actividades
terapéuticas que me propuso: llantos guiados,
lecturas de vidas pasadas, relajaciones,
regresiones, visualizaciones, etc. Al final
estaba tan agobiado como en la mili, aunque sin
gritos, claro. La verdad que no tuve mucho
tiempo para pensar.
Al otro día, me levanté de muy mal humor, al fin
y al cabo yo no había venido para que me
hiciesen ninguna terapia, sino más bien en busca
de un entorno apacible para descansar, reordenar
mis pensamientos, pensar en nada quizás. En este
contexto, algo de intimidad era más que
deseable. Finalmente comprendí que nada de eso
era posible en Chicorystán: todo debía ser hecho
en grupo y eran ellas las que pensaban y
decidían por uno. Si no llorabas continuamente y
te abrazabas con todos como si no los vieras
desde hacia 40 años, sin duda eras un ente frío
y psicopático, probablemente un engendro
expulsado de una galaxia extraña y gélida. Pero
la gota que colmó el vaso fue cuando empezaron a
explicarme que en realidad entre nosotros había
gente de otro planeta (naturalmente más
evolucionado), dispuestos a ayudar, que
canalizaban, que a lo mejor estaban más cerca de
lo que creíamos, quizá ellos mismos, un plan de
salvación... Decidí entonces que la historia
había llegado demasiado lejos. Desde luego, si
el tratamiento hubiera sido contra la
inseguridad había funcionado, porque me sentía
capaz de cantarles cuatro cosas...
Así que todo el día siguiente me mostré hosco y
contestatario. Los intentos diversos por
reconducirme fracasaron uno tras otro, ante un
Floren exultante y asertivo. Varias veces
insinuaron que me aplicarían “el tratamiento”,
que me iría muy bien... que en “otros casos”...,
pero yo respondía desafiante que al día
siguiente ya no estaría, que como no fuera por
correo...
Esa noche cené muy apartado en el comedor entre
miradas condenatorias y cuchicheos insidiosos.
Me serví caldo, pizza, infusiones... Pero de
pronto sentí que la cabeza me pesaba. La luz,
aunque encendida, se apagaba en mi percepción,
caía por una especie de túnel lleno de sonidos
tintineantes, estrellitas... la lengua, como de
trapo, crecía, crecía...
Cuando desperté no me podía mover. Aunque muy
atontado me dí cuenta que estaba en la sala de
Megamami, tumbado como la vez anterior en su
regazo, pero esta vez nada de ropa se interponía
entre mis nalgas y sus manos. Otras manos me
aprisionaban rotundamente. Entonces percibí un
movimiento y una respiración por detrás y ví la
enorme silueta de Nelson con algo cilíndrico y
enorme en su mano. “El tratamiento, el
tratamiento” oí esta vez nítidamente y por un
momento el tiempo se congeló con todo su
espanto. Como en cámara lenta vi como se
aproximaba hacia mis posaderas un enorme objeto
similar a un falo desproporcionado de color
rosa...
-No temas- musitó Mami, o tal vez Megamami.
-Ya verás como el cuarzo rosa en el chakra
inferior te reequilibra, te hace bueno.
-¡No, no!.
¡Soltadme, brujas malditas! –chillé
aterrorizado-
El alarido fue tan terrorífico que tal vez
Nelson debió dudar sobre si obraba bien.
Entonces fue mi oportunidad. Sentí una fuerza
brutal que me permitió sacudir una pierna que
chocó contra algo blando. Oí un crujido y un
chillido infernal e interminable:
-Mi nariz, mi nariz- gimió algo o alguien.
Mi codo también estuvo certero y se abrió paso
entre carne sollozante. Entonces una fuerza
brutal a modo de sunami me sacudió desplazándome
contra la pared en la que reboté como un muñeco
de trapo obsoleto y herido. Pero pienso que el
pánico, el puro instinto de supervivencia
anestesió mis costillas y activó mis piernas,
las cuales autónomamente a mi cerebro
emprendieron una búsqueda frenética de puerta
por la que escapar, mientras mis manos subían
como podían el pantalón.
Corrí, corrí durante cientos de metros como
nunca lo había hecho hasta caer agotado en un
campo de hierba.
Debió pasar una hora hasta que decidí seguir
caminando casi en la oscuridad. Unas luces
móviles me hicieron entender que la carretera
estaba cerca, una gasolinera, un camionero que
se apiadó de mi lamentable aspecto y accedió a
llevarme a Barcelona. La sola idea de volver a
por el coche y enfrentarme a aquella gente me
aterrorizaba.
Mañana pensaría de forma más fría.
Al día siguiente me plantee mil posibilidades,
denuncias, etc. Finalmente decidí enviar a unos
amigos con el encargo de recoger el coche y mis
cosas.
Ellos, un poco reticentes, accedieron entre
risas e incredulidad. En Chicorystán no
encontraron ninguna oposición, sino que todos se
mostraron preocupados por mí. Se manifestaron
muy sorprendidos de mi actitud y agresividad, ya
que aseguraron que había herido a alguien.
Cenicienta le entregó a uno de mis amigos la
tarjeta de un psiquiatra, con la recomendación
que me cuidase y solicitase ayuda. Mami y
Megamami no aparecieron en ningún momento. Desde
luego mis enviados vieron todo muy normal y
bromearon jocosos sobre lo que me había tomado o
fumado en la última cena... En fin. Decidí echar
tierra sobre el asunto, pero ahora quizá, como
terapia ante lo no resuelto me he visto
inclinado a compartir mi experiencia con
vosotros. Espero que os haya sido de utilidad.
FIN
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