Viaje a
Ceratonia
Cuento didáctico humorístico
Por Ricardo Orozco
Cuando en la
agencia de viajes de Floribac manifesté mis deseos de viajar a
Ceratonia, la empleada me interrogó con un inquisitorio:
-¿Está seguro?-, a lo que respondí con falso aplomo:
-Naturalmente... tengo amigos allí, además llevo sangre cerata
en mis venas.
Algo molesto por lo que interpreté como un exceso de celo de la
señorita, agregué: -Además todos tenemos algo de cerato, ¿no le
parece?
Ella se encogió de hombros y respondió con un gemido que más se
asemejaba a un molesto suspiro, para a continuación informarme
metálicamente:
-Está bien. Usted sabrá. Pero debo informarle que los vuelos
son abiertos, es decir que no puedo asegurarle con precisión
cuándo sale el avión; además ha de saber que los precios varían
continuamente. Dependemos de la línea estatal de aviación de
Ceratonia. Las otras compañías que operaban en aquel país
suspendieron sus vuelos, debido al caos del aeropuerto local y a
los continuos accidentes que ocurrían.
-¿Pero no hay otro medio de transporte?- requerí bastante
desasosegado.
-Clematidia creo que no ha suspendido aún sus vuelos, pero si
en el mejor de los casos sobrevive, es posible que llegue a
cualquier otro aeropuerto, sin descartar un vuelo circular que
lo vuelva a traer a Floribac.
Mi mirada de impotencia fue tan conmovedora, que la empleada
debió compadecerse y agregó piadosamente:
-He oído que la República Controladora de Chicorystán fleta
autocares de mujeres a Ceratonia, para conseguir marido... quizá
lo admitirían en el viaje, inténtelo pero tenga cuidado... ya
sabe- añadió con una sonrisa irónica y al mismo tiempo perversa.
Llovía en Floribac, otoñal y persistentemente. Caminé sin rumbo
intentando entender el diálogo kafkiano que había mantenido en
la agencia. Tomé la decisión de pasar de ellos y buscarme la
vida por mi cuenta. Algo tenía claro: la firme voluntad de
viajar a Ceratonia no había disminuido en mi interior, sino que
se había crecido ante la difícultad. De pronto, una idea
luminosa cruzó mi mente: ¡Eureka! ¿Para qué depender de
intermediarios? Ceratonia era un estado independiente que
figuraba en el mapa y todo. Por lo tanto, debería tener su
embajada, o al menos un consulado. Sin duda ellos estarían
orgullosos de fomentar el turismo y me asesorarían debidamente.
En el teléfono de información me dieron la siguiente dirección:
San Camaleón 2-4-6-8.
Cogí un taxi y bajé en el número indicado. Ninguna bandera ni
placa en la puerta. La embajada se había trasladado –me dijo la
portera- a la siguiente dirección: Héroes de la Dispersión, 212.
Decidí ir en metro para ahorrar. Al fin y al cabo no sabía aún
el precio del viaje a Ceratonia. Demasiado tarde, se habían
trasladado, a otra dirección que los vecinos desconocían.
No es necesario describir aquí lo estéril de mis pesquisas.
Sólo diré que no conseguí dar con ellos y de alguna forma tiré
la toalla. El Gorse no surtió efecto y ya casi había olvidado el
imposible viaje a Ceratonia, cuando un día encontré el siguiente
mensaje en el contestador: “Soy de la agencia. Si todavía desea
viajar, preséntese en el aeropuerto mañana a las 8 de la mañana.
Diríjase a la oficina de nuestra agencia en el propio
aeropuerto. Parece que hay un vuelo chárter de Air Cerato.
Naturalmente el horario es orientativo. No le aseguro nada.
Gracias”.
De ordinario no soy dado a la improvisación, pero intuí que
quizá era una ocasión única para mí. Ya se sabe, un cúmulo de
circunstancias casi irrepetibles coincidían para que pudiese
viajar.
El día era gris y llegué al aeropuerto con mis maletas cargadas
de ilusión a la hora indicada. No lo podía creer. Tenía un
flamante billete de avión Floribac-Ceratonia con fecha de vuelo
abierta. Mi número de asiento era el
siguiente:2-4-19-23-64-86-102. ¿Extraño, no?
La salida del avión fue cambiando para producirse finalmente a
las 22:15 minutos. No lo podía creer; estaba por fin sentado en
un avión semivacío que empezaba a corretear promisoria y
alegremente por la pista.
-Buenas noches. Les habla el comandante, Horacio
Desconcertantini. Bienvenidos a bordo en nombre de Air Cerato.
Duración estimada del vuelo: se desconoce. Pueden cambiarse de
asiento en las numeraciones que constan en sus billetes. Gracias
por confiar en nosotros. Evidentemente, la compañía no se
responsabiliza por cualquier retraso o cambio de itinerario que
pueda sucederse. Que tengan un feliz vuelo.
Debo decir que el viaje resultó inquietante y tuve que recurrir
al Rescate en varias ocasiones. Después de varias escalas y
cambios de tripulación, llegamos al aeropuerto de Ceratonia
llamado Cardenal Mutante. Seguramente un prócer local.
El aeropuerto es muy bonito. Tiene tecnología punta, pero algo
que no comprendo son sus pantallas de información, ya que
continuamente cambian los horarios y las puertas de embarque, de
forma aleatoria y me atrevería a decir que caprichosa.
Me dirigí a un hombre elegantemente uniformado:
-¿Podría indicarme dónde puedo obtener información?
-Acuda al Irresponsable de Desinformación, en el mostrador de
la derecha
-Gracias
En el mostrador no había nadie aunque esperé media hora.
Bastante desconcertado y totalmente agotado por el viaje, cogí
un taxi y le imploré que me llevase al hotel que creyese
conveniente de Dispersonia (capital de Ceratonia). Enfilamos por
la Galimatías A7, que es una de las complicadas y mal
señalizadas autopistas del país. No conozco la ciudad, pero me
dio la impresión que el taxista se perdía una y otra vez, ya que
en tres ocasiones se detuvo a preguntar. Finalmente llegamos al
Hotel Viajante Veleta, en la bien cuidada Avenida de Los
Mártires de la Opción Múltiple.
Las calles de Dispersonia son muy bonitas y cuidadas, aunque es
difícíl orientarse en las mismas ya que los postes con las
señales no están sujetos y giran bruscamente. Porque Ceratonia,
detalle importante, es un país muy ventoso. Por lo tanto, hacer
turismo allí es harto difícil. Y no es que no hayan lugares
interesantes; por ejemplo, los jardines colgantes de Mutábilis,
o las ruinas paleolíticas del cretinoico superior en Vacilonia,
pasando por los famosos atardeceres de la cosmopolita Variable
City.
Pero la
verdad es que pronto desistí de visitar estas y tantas
prometedoras ciudades. Mis contactos fallaron sin causa
aparente, y me entregué a cómodos automatismos, como
zapear por cualquiera de las 180 cadenas que se
sintonizan en la televisión. Es curioso, pero en
Ceratonia, es mucho más caro el mando a distancia que el
propio televisor. ¿Hay quien los entienda?
No deseo aburriros con mis intrascendentes peripecias.
Quizá os interese saber algo de la gente, cómo vive y
cómo funciona el país.
La población, al menos en la capital, parece feliz.
Todos viven el aquí y el ahora sin “comerse el coco”.
Llama la atención la limpieza y el cuidado de sus
calles. Los ceratos son muy detallistas. Los ciudadanos
son muy elegantes y siguen la moda fervorosamente. Hay
muchos días festivos y la legislación del país obliga a
ir a todas las bodas, bautizos, comuniones, etc. a los
que uno sea invitado. Ley innecesaria, ya que la gente
no concibe el perderse un evento de este tipo.
Ceratonia es una monarquía constitucional rotatoria. Es
decir que cada tres meses cambia el reinado. El monarca
cuenta con un numeroso equipo asesor llamado Asamblea de
Autoridades en la Materia, para poder basar sus
decisiones en los consejos de los Notables.
La enseñanza es algo curioso. Varios niños a los que
pregunté me dijeron que de mayores querían ser
encuestadores. El apuntarse a una universidad, da
derecho a asistir alternativamente a cualquiera de
ellas.
¿Aprenderán algo, me pregunto?
La enorme mayoría de trabajadores son funcionarios del
Estado. Pero uno puede cambiar de trabajo sin dar cuenta
a nadie. Por ejemplo, un cartero puede decir: “ahora
quiero ser médico” y legalmente tiene derecho a ello.
Claro que esto entraña bastantes peligros, pero la gente
vive despreocupada y en cierto modo alegremente.
No todo ha sido alegría en Ceratonia. Su situación
geográfica lo ha hecho una presa fácil para países
expansionistas. Todavía los abuelos recuerdan
horrorizados cuando sufrieron la terrible invasión y
tiranía del País de Vinonia, al parecer no conforme con
aplastar sólo a la República Sometible de Centaura
(pacífico vecino de Ceratonia). O sin ir más lejos, las
ansias conquistadoras de Vervenia y la República
Controladora de Chicorystán.
Dicen, algunos tecnócratas del país, que todo iría
mejor si el gobierno lo regentase un equipo de Elmania,
pero los fueros de Ceratonia no lo permiten.
Por ello, muchos ceratos están cansados de esta vida de
dispersión y sueñan con ir a la Confederación de
Wildoatania, donde muchos encuentran su sitio definitivo
en la vida. Otros, cansados de no concretar, prefieren
emigrar a un sitio donde esté escrito lo que deben
hacer: Rockwaterland. Aquí al menos no hay viento aunque
sí mucho frío, y las cosas (menos la vida, claro)
parecen ser para siempre.
En fin, guardo un grato recuerdo de aquella gente, a
pesar de haber perdido mi trabajo por culpa de ellos, ya
que volví a Floribac un mes después de lo previsto ante
las dificultades para concretar el vuelo de vuelta. El
telegrama nunca llegó.
FIN
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